SALUDA DEL REVERENDISIMO OBISPO DE ALBACETE:

Queridos amigos:

Vuelve la Semana Santa, los días en que celebramos los misterios fundamentales de nuestra fe: pasión, muerte y resurreción de Nuestro Señor Jesucristo.

El Papa Francisco ha querido que vivamos este año a la luz del gran signo de la misericordia divina. En la homilía de las exequias del Papa Juan Pablo II, dijo el entonces cardenal Ratzinger: "El Papa Juan Pablo II nos ha mostrado el misterio pascual como misterio de la misericordia divina". ¿ Hay amor más grande que dar la vida por los amigos ? ( cf Jn 5, 13 ).

Fotografia Obispo Albacete D. Ciriaco Benavente Mateos

La misericordia es ante todo un don que se acoge: "Él nos amó primero". Pero es también hacernos don para Dios y para los demás. No es una devoción intimista, no se reduce a un sentimiento o una emoción ante la imagen preferida. La misericordia no se da sin las obras de misericordia.

El misterio de la cruz encierra la sabiduría de Dios. Sólo contemplando la cruz seremos capaces de barruntar el misterio de amor que ahí se esconde, se condensa y se nos revela. Es la misericordia de Dios manifestada y encarnada en Cristo, verdadero rostro de la misericordia divina.

Hay que contemplar el Misterio Pascual en toda su integridad ( muerte y resurrección ). Contemplar la muerte no librará de un seguimiento hedonista, que es una caricatura del seguimiento. Pero es necesario contemplar también la resurreción de Cristo para no caer en un seguimiento puramente dolorista, trágico y sin esperanza, que sería otra caricatura del seguimiento de Cristo.

La resurreción del Señor es el corazón del cristianismo. Nos lo dice abiertamente San pablo: "Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también nuestra fe" ( 1Co 15,14 ). La resurreción del Señor es el pilar que sostiene y da sentido a toda la vida de Jesús y a nuestra vida, lo que justifica la existencia de la Iglesia, la oración, el culto, la piedad popular, nuestras tradiciones y nuestro esfuerzo por respetar la ley santa de Dios. Esta verdad, la más original del cristianismo, debe ser para todos los cristianos manantial de alegría y de gozo, porque el Señor vive y nos da la vida.

Que la que es Madre de Misericordia nos ayude a vivir una fructuosa Semana Santa.

Fdo. Monseñor Ciriaco Benavente Mateos